La Novela

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Rasgos Principales

La novela bajacaliforniana tiene un desarrollo tardío, como en el resto de México, no hubo novelas durante los siglos de virreinato. Tampoco se publicaron textos novelísticos durante el diecinueve, que para los estados del centro fue el siglo de la novela, cerca de 300 novelas producidas sólo durante el porfiriato.  Hay un tímido intento de novelas testimoniales y de viajes durante los treinta. El auge de la novela bajacaliforniana se presenta a partir de la segunda mitad del siglo XX. La mayor parte de los escritores que practicaron la novela eran poetas de oficio y accedieron a la novela como un ejercicio de diversificación, muchos de ellos volvieron a la poesía como medio de expresión natural. Conducta que se observa aún en muchos de los escritores nacidos entre 1954 y 1964 como Gabriel Trujillo Muñoz. La primera generación que propone narradores de tiempo completo es la llamada de La Ruptura con exponentes sobresalientes como Daniel Sada, Cristina Rivera-Garza, Luis Humberto Crosthwaite; con producción sólida, abundante y reconocida nacional e internacionalmente. Otros con menor cantidad de textos, pero con interesantes propuestas escriturales son: Juan Antonio Di Bella y Martín Romero. La generación X o de los Finiseculares son escritores muy jóvenes aún (cerca de los treinta años), son primordialmente narradores simpatizantes del Realismo Sucio o Basura promovido en México por Guillermo Fadanelli. Son ya conocidos como novelistas: Rafa Saavedra, Fran Ilich Morales Muñoz, Javier González Cárdenas, y Jorge Alvarado Robles.

El Periodo Colonial

El nombre mismo de la Península de Baja California tiene origen en Las sergas del virtuoso caballero Esplandián, hijo de Amadís de Gaula, que es continuación de la novela de caballería El Amadís de Gaula, de Garci Ordóñez de Montalvo, en que California es una deidad de unas amazonas. Señala Luis Cortés Bargalló que el primer imaginario de la Península es una transpolación de Las sergas de Esplandián, cuando el mismo conquistador Hernán Cortés en su Carta de relación, describe:

“ ... Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla llamada California […] poblada de mujeres negras [ ... ] que casi como las Amazonas era su manera de vivir [... ]; sus armas eran todas de oro y también las guarniciones de las bestias fieras en que, después de haberlas amansado, cabalgan; que en toda la isla no había metal alúguno.” [1]

Sin embargo, la lectura, distribución y sobre todo la escritura de la novela como género narrativo fue prohibida por una cédula real del emperador Carlos V en 1531. Los géneros literarios preferenciales durante la producción del Virreinato fueron la poesía y la crónica, practicadas por la élite intelectual en torno a la Real y Pontificia Universidad de México y a la corte virreinal.

Del Siglo XIX al Medio Siglo XX: de territorio a Estado soberano

Levantada la prohibición contra la novela, durante los primeros años del México Independiente, es El periquillo sarniento (1816) del mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, la primera novela hispanoamericana. Los investigadores del género novelístico han encontrado en Los infortunios de Alonso Ramírez  de Carlos Sigüenza y Góngora o en Los Sigueros de la Virgen de Bernardo de Balbuena.

Durante el siglo XIX no hubo novelas producidas por escritores de Baja California, no obstante, esta tierra despertó el interés del político y periodista, Ignacio Ramírez "el nigromante" quien vertió sus experiencias de viaje en varios reportajes y en "Cartas a Fidel". El novelista porfiriano José María Esteva quien escuchó atentamente las leyendas populares de la Península y las incorporó en su novela La campana de la misión (1894).

La expresión oral de la época recoge idealizados dos prototipos sociales elevados a rango novelesco: el misionero y el bandido noble. Hay múltiples versiones del aventurero defensor de la patria ante la invasión estadounidense o filibustera en Joaquín Murrieta. En esta línea aparece el primer relato novelado Juan Obrigón, escrito por Blanco Fierro para exaltar la figura de Juan Colorado.

Recientemente, Humberto Félix Berumen y Leobardo Saravia editaron la novela Tijuana Inn de Hernán de la Roca, escrita enútre San Diego, California y México, D.F., en el año de 1931, sobre la cual Luis Cortés Bargalló comenta:

“Se puede decir de su autor, al parecer un seudónimo, según conjetura -creo que con acierto- Félix Berumen. De su lectura podemos deducir que se trata de un escritor familiarizado con la literatura y, en algunos fragmentos, bien dotado para escribir. Sin duda, peinó los paisajes que le sirven de telón de fondo para su trama; de ésta, por cierto, podemos afirmar que, justo el año de la derrgación de la “ley seca” norteamericana, inaugura en la literatura la llamada “leyenda negra” de Tijuana, misma que vendría a consolidarse con mayor o menor fortuna en las plumas de José Revueltas, Rubén Vizcaíno, Raymond Chandler, Miguel Méndez, Manuel Puig, Ovid Demaris y Ricardo Garibay, entre otros. A pesar de su buena factura, la novela se circunscribe en el marco de una historia moralista, inverosímil y, por sintetizar, ñoña y acartonada. Tiene el valor de ser un trabajo diferente a lo que por entonces se hacía en el estrecho panorama de la literatura en Baja California Norte, diferente sólo en ese contexto ya que nada tiene que ver con la gran novela del primer cuarto de este siglo. Ningún rastro de Joyce, de Musil, de Dos Passos, de Thomas Mann; ningún rastro de Martín Luis Guzmán o de la prosa experimental y suculenta de Alfonso Reyes o Julio Torri; ningún rastro, tampoco, enteramente personal.” (Piedra..., 46)

La Californidad y otras Propuestas Alternativas

Calle Revolución, de Rubén Vizcaíno Valencia, es sin duda una de las expresiones novelísticas más polémicas de Baja California. En torno a su californidad ortodoxa proclamada en su poesía y a su heterodoxia expresada en sus crónicas y su narrativa, Luis Cortés Bargalló resuelve la aparente contradicción de elementos al aclarar que,

"Las polémicas no son gratuitas, lo heterodoxo -lo interesante- de su trabajo consiste precisamente en la contradicción que implica mostrar un vicio con toda su carga descriptiva, para luego tratar de nulificar el efecto insoslayable del hecho ya sensibilizado por la escritura, con la moraleja de signo contrario. Una operación que por cierto llevaron a cabo con un efecto sorprendente Huysmans y León Bloy gracias a la profunúdidad de su reflexión moral y estética, profundidad perdida en la obra de Vizcaíno pero que significativamente describe un ámbito de valores que muchos otros escritores bajacalifornianos compartieron en el periodo: fe en el progreso, en la defensa de los ‘valores nacionales’, en la 'cultura’ como elemento abstracto." (Piedra..., 58)

Otra novela de Vizcaíno es Tenía que matarlo (1964), texto que explora las motivaciones de un crimen dentro de una atmósfera rural y de una moralidad primitiva acosada por la justicia, la culpa y la violencia.

La influencia de Vizcaíno se transforma en mayor rigor narrativo, una más clara estrategia de economía del lenguaje, una extraordinaria apertura a la diversidad de discursos y de experiencias estéticas en Federico Campbell: Todo lo de las focas (1982), Pretexta (1979), Transpeninsular (2000). Esta última recrea el viaje de Fernando Jordán, el insigne reportero de la Baja California desconocida en El otro México. Este homenaje propicia el esquema narrativo para la estupenda película-documental Bajo California, porque no sólo es el viaje de Jordán sino el arquetípico viaje del exiliado o distanciado a su origen, en este caso casi 25 millones de mexicanos fuera del territorio nacional.

Francisco Parés Guillén ha escrito novelas de carácter más bien autobiográfico: Entre la verdad y
la mentira
(1974) y El hombre que habla solo (1977). El prolífico escritor Luis de Basave, de origen vasco, es autor de El hombre sueño (1970), Motelius Motel (1965) y Tejueg (1991), entre otras.

Generación del 54-64

Entre los escritores de la generación de los nacidos hacia 1954-1964, destacan: Rosina Conde y Gabriel Trujillo Muñoz.

Rosina Hilda Conde Zambada. (Mexicali, B.C., 1954). En La Genara (1998) incorpora como recursos narrativos la mecánica del chisme y los mecanismos de la tecnología: fax, correos electrónicos, etc., para plantear una ruptura con la neurotizante capital cultural del país y una negociación con una expresión fronteriza corregida y evolucionada. Es la cancelación de los imaginarios colectivos de comunidad, nación, región etc., y en cambio, se apuesta por la expresión privatizada hasta el individualismo, aun ante la presión de la clase social y la zaga familiar.

Gabriel Trujillo Muñoz es uno de los novelistas más interesantes por su decisión de ejercer distintos discursos novelísticos como: el relato detectivesco-policiaco, el guión cinematográfico, la nueva novela histórica, la atmósfera de lo fantástico, del horror y de la ciencia ficción. Aunque gran parte de estos textos se ubican centralmente en la faja fronteriza o presentan referencias a ella y a su historia, sin embargo, hay novelas que deliberadamente se desvinculan de la cosmovisión cultural fronteriza para situarse en otras fronteras entre la realidad y su cuestionamiento, entre lo fáctico y lo fantástico. Mezquite Road (1995); Laberinto. As time goes by (1995); Conjurados (1999); Espantapájaros (1999); Tijuana city blues (1999); Orescu. La voz (2000); Orescu. La sangre (2000); Orescu. La luz (2000). Premio estatal de literatura novela (1994).

Entre otros podemos mencionar a: Antonio Heras (Ciudad de México, 1961) con Una de tantas (1994), y a Raúl Acevedo Savín, (Isla de Cedros, B.C., 1959) con su novela Nadie tiene ganas de llorar (1992)

Generación de La Ruptura

La generación llamada de La Ruptura sobresale por el surgimiento de narradores dedicados casi exclusivamente a este género, aunque comparten la imaginación poética y el manejo lingüístico de la expresión lírica. Los más sobresalientes son: Luis Humberto Crosthwaite, Daniel Sada, Juan Antonio Di Bella, Martín Romero (aunque estos dos últimos se consideran parte de la generación llamada: Natural Born Writers).

Se debe incluir a Cristina Rivera-Garza atendiendo a la mera periodización generacional dentro de la literatura bajacaliforniana. Originaria de Matamoros, ahora residente en la zona San Diego-Tijuana desde hace más de cinco años. Además que sus textos novelísticos y cuentísticos recientes reflejan la fenomenología cultural y social de la frontera.

Luis Humberto Crosthwaite, (Tijuana, B.C., 1962), ha sido reconocido por críticos renombrados, como el peruano Julio Ortega y el mexicano Juan Villoro, como uno de los principales narradores latinoamericanos en ascenso. El gran pretender (1990),  novela corta es considerada por Gabriel Trujillo Muñoz como una de las diez obras maestras de la literatura bajacaliforniana. También a publicado La luna siempre será un amor difícil (1994) y La estrella de la calle sexta (2000), que recopila El gran Pretender, Sabadito en la noche y el relato "Todos los barcos".  Los tres textos abordan distintos aspectos de la vida nocturna tijuanense desde una perspectiva existencialista, la cultura del automóvil y la industria del reciclaje tanto material como de la cultura popular norteamericana desde los barrios de cholos, así como la presencia de turistas norteamericanos atraídos por los paraísos artificiales nocturnos fronterizos. Como en sus narraciones anteriores, Crosthwaite reelabora los códigos de la novela urbana inaugurada por Carlos Fuentes y sobre todo José Agustín y Gustavo Sainz, enfatizando el lenguaje ondero de habla juvenil sesentera y fronteriza. Idos de la mente (2001), tomado el título de una canción de Cornelio Reyna, quien junto con Lorenzo de Monteclaro son ficcionalizados para emprender una búsqueda de un éxito profesional dentro de la composición e interpretación de la música norteña, como el periplo de los blueseros del México profundo. Al mismo tiempo propone y cuestiona algunas experiencias existenciales. Es una novela de aliento temático y de tono menores, que sin embargo, se ajustan a la agilidad narrativa, al suave engranaje de la trama y de los entrecruzamientos de lo apócrifamente documental y periodístico con lo señeramente fantástico y paródico. Los recursos humorísticos proporcionan una lectura tersa y grata.

Daniel Sada y su obra narrativa, está planteada también como imposibilidad de los géneros, es una reincorporación moderna de los ámbitos rurales en el contexto de un lenguaje que, por su manejo, se transmuta en personaje y temática central. Comentada ampliamente por la crítica nacional, su escritura, con el tiempo, y por esa curiosidad que despierta el destino peregrino de un coterráneo, también ha sido analizada y leída en el contexto de las letras bajacalifornianas. Ninguna de las dos (1998), Lampa vida (1980); Albedrío (1989); Una de dos (1996); Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (1999). Ganó el premio Xavier Villaurrutia en 1992.  Una de las dos (1999),  recientemente llevada al cine con éxito de la crítica internacional. Luces artificiales (2001), en la que para sorpresa de sus lectores acostumbrados a un virtuosismo en el manejo del lenguaje, de los tiempos narrativos de la complejidad de las tramas y las psicologías de sus protagonistas, de un experimentalismo atrevido y mantenido con buen pulso; en esta última novela  explora, sin mucha fortuna, algunos códigos narrativos de la novelística popular y masiva.  Debido al  diseño y conducción de los personajes, son  planos, sin relieves, gastados e inconstantes dentro de una trama de escaso aliento temático y tonal,  bajo una ejecución narrativa débil.

Oscar Hernández en Apetencias del alma (1987), consigue viñetas intensas sobre la vida cotidiana de las barriadas de cholos mexicalenses. Permite que los personajes se incorporen con sus propias voces con toda la fluidez lingüística de dialectos regionales o bajobarrieras y jergas individuales. Cortés Bargalló reconoce que,

" En otros registros, el amoroso por ejemplo, el político, aprovecha para dar rienda suelta a su capacidad de ternura o a su capacidad de odio, y esa suerte de emocionalidad desbordada, encontrada, que no pocas veces le ha vuelto ingobernable la sustancia de sus textos, también ha venido a desembocar en expresiones de gran nitidez ("Dulce piel cachanilla", Hojas, núm. 10, 1987). Una estética inclinada por una especie de freak fashion silvestre pero que, a veces en una oscilación de 180 grados, también ha llegado a resolverse en auténtica y espontánea visión naif." (Piedra..., 72)

Martín Romero (Tijuana 1966), con La silla eléctrica (1998), es una novela que devela en otras formas de marginación universal, la discapacidad física,  por encima de fronteras de naciones, lenguajes y razas.  Es una dolosa crónica del desgaste de la fe y la espera  ante la solidaridad y la comunicación humanas.

Cristina Rivera Garza, Nadie me verá llorar (1998) Premio José Rubén Romero y Premio Internacional Sor Juana, de novela Reciente Escrita por Mujeres, Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2001.  Cubre desde los estertores del porfiriato, la Revolución hasta la industrialización y modernización del cardenismo, pero desde las expresiones de mexicanidad periféricas: el anarquismo, la prostitución, la locura y la estética de la ausencia.  Aunque es reconocible una sólida investigación histórica y sociológica de la época y aunque es notable la trabazón teórica de Michel Foucault para develar los criterios de control y sansionamiento de la mujer y del cuerpo social, sin embargo, ese andamiaje conceptual está pulcramente incorporado como elemento narrativo, no obsta, ni excede a sus personajes y sus atmósferas ficcionales.  La ejecución narratológica es fina y precisa, la textura lingüística es rica y con valiosos apoyos líricos.  La cresta de Ilión (2002), en la que Cristina Rivera Garza inaugura el espacio de lo fantástico y del texto homenaje y transgresión a  la narrativa de Amparo Dávila. Mantiene variaciones de los motivos recurrentes de su primera novela como: los entrecruzamientos de identidades sexuales, la indefinición entre lo real fáctico, el imaginario imposible de las nacionalidades, la intertextualidad deliberada con la narrativa fantástica y la rigurosa lógica del absurdo, el pastiche y la parodia.

Entre otros escritores podemos mencionar a Juan Antonio Di Bella (Ensenada, B.C., 1961) con Ytzus the Matt and the Kiosko Boys (1997), y a Marco Antonio Samaniego que con Donde las voces se guardan (1993) ganó el Premio nacional Agustín Yáñez para primera novela.

Generación X, "Los finiseculares"

Esta dirección narrativa comparte al llamado "Realismo Sucio" o "Literatura basura", propuesto durante la década de los noventas por escritores desde la capital: Guillermo Fadanelli y Rogelio Villarreal. En el caso de los bajacalifornianos se adopta esta ideología y esta estética en unos casos por decisión, como acontece con Fran Ilich, en otros, coincidencia como sucede con Rafa Saavedra "Rafa DRO, El escritor increíble".

Las expresiones del Realismo Sucio que se presentan con mayor evidencia son un propósito de desvincular al cuento y la novela de todas las convenciones escritas tradicionales al enfrentarla a la estética y las fórmulas narrativas de la cultura masiva industrial de las revistas tabloide-policiacas, de las historietas ilustradas, de los comics, etc. Hay una selección de atmósferas, de asunto, de personajes y de códigos lingüísticos que testimonian y ficcionalizan las expresiones, sociales, genérico-sexuales, morales y culturales más inframundescas. Sin duda el aspecto más distintivo es el tono, que abarca  una gran variedad de registros pero dentro de un acento, una intensidad y un volumen estridentes y  violentos.  Frecuentemente acuden a un humorismo corrosivo, irreverente sin reparar en la sensibilidad liberal de lo políticamente correcto.  No hay tonos medios, la agresividad tonal lleva a plantear personajes que son una mueca brutal, más que caracterizaciones psicológicas tradicionales o  exploración de estados de conciencia. Sus protagonistas  gravitan dentro de un determinismo social avasallador, entre el cual apenas pueden sobrevivir por medio de actitudes  verdaderamente picarescas, con toda la amoralidad del pícaro novelesco.

Se ha propuesto un manifiesto de parte de Fran Ilich en que se establecen los objetivos de una sensibilidad que va más allá de la producción estrictamente literaria, a esta percepción  y proyección de mundo le han llamado "Los Franzines", término que cubre a fanáticos del Rock, darkos, cholos, punk remisos, neo-onderos, y recientemente "Bloggers".  Fanzine quizá derive de Funnies o fanis (que en la frontera norte se denomina a las historietas ilustradas) y del vocablo magazines que involucra a los diferentes géneros de revistas arriba mencionadas.

En poco menos de un año ha surgido una nueva modalidad de autopublicación cibernética en espacios llamados Blogspots personales en que los Bloggers presentan hipertextos sin seguir ningún patrón literario en cuanto a formulación genérica, estilística o estética. Se pueden encontrar minucias cronísticas, reflexiones sobre cualquier asunto, pequeños relatos, esquemas narrativos, capítulos de novelas, gráficos, diálogos o interlocuciones cifradas a miembros del BlogspotClub. Entre los narradores más reconocidos están: Cristina Rivera Garza, Heriberto Yépez, Rafa Saavedra, Carlos Gutiérrez Vidal y otros de reciente ingreso a este tipo de experiencia escritural como: Amaranta Caballero, Rodrigo Navarro, Mayra Luna  y la lista es cada día cresciente.

Entre los escritores de novela que pertenecen a este movimiento podemos mencionar a Javier González Cárdenas (Tijuana, B.C., 1973) con Esto es lo que pienso de tí (1996), Fran Ilich Morales Muñoz (Tijuana, B.C., 1975) y su Metro-pop (novela, 1997), a Jorge Alvarado Robles (Mexicali, B.C., 1975-Estero Beach, B.C., 2000) quien a su repentina muerte dejó inédita su novela Éxodos.

Escritores tangenciales a propuestas de grupo

Aguilar Robles, Joaquín (Hermosillo, Sonora 1896-Tijuana, B.C., 1991), A las ocho me mataré (1966), Frontera Norte, memorias de un detective (1984).

Bustamante Anchondo, Norma (Tijuana, B.C., 1948) Reencuentro con la vida (1980).

Campo Venegas, Oscar del (Mexicali, B.C., 1929). Actualmente reside en Tijuana. De niño de la calle … a periodista (1999)

Casillas, Arturo (Tepic, Nayarit, 1942). Los olvidados de siempre (1980), Los herederos de Scammon (1982).

Chacón Mendoza, Arcadio (Coalcomán, Michoacán, 1915-Mexicali, B.C., 1979) Custodiando su patrimonio (1979).

Contreras León, Manuel (Pichucalco, Chiapas, 1923). Don Edmundo (1994).

Esalí (pseudónimo de Estela Alicia López Lomas) (Tlaquepaque, Jalisco, 1944) El hombre de la lluvia (1991).

Estrada Barrera, Enrique (San Diego de Alejandría, Jalisco, 1943) La revolución de los pobres (1970).

García Benavides, Rubín (Cuquio, Jalisco, 1937) Cortando el viento (2000).

Gasca Reynoso, Héctor (Morelia, Michoacán, 1936) La democracia transparente (crónica novelada, 1978)

Genovese, Narciso (Génova, Italia, 1918-Tijuana, B.C., 1988) Escritor de ciencia ficción, Yo he
estado en Marte (1958), La nueva Aurora (1970).

González Irigoyen, Julieta (Chihuahua, Chihuahua, 1939) Límite de sombras (1989), La sangre callada (1994).

Gutiérrez, Lauro F. (Chihuahua, Chihuahua, 1899-Mexicali, B.C., 1967)  Los últimos chinacos (1966).

Jiménez Castro, Flavio Artemio (Guadalajara, Jalisco, 1940). Novelista, periodista y poeta.

León Medellín, Octavio (Tantoyuca, Veracruz, 1917). Río de sombras (1975).

León Zavala, Ramiro (Tijuana, B.C., 1939). Réquiem  por  polleritos (1989)

Lizárraga, Francisco (Huatabampo, Sonora, 1942). Mediodía sin fronteras (1989)

Lloréns Báez, Luis (Ciudad de México, 1950). La ciencia que todos podemos entender (novela didáctica, 1989).

López Hidalgo, Jorge Raúl (San Martín Texmelucan, Puebla, 1932-Tijuana, B.C., 1997) El Juego de un Mito (1991), Aves amaestradas (1992).

Maldonado Sández, Braulio (San José del Cabo, B.C. Sur, 1903-Ensenada, B.C., 1990). El último misionero (novela, 1970),

Melo de Remes, Maria Luisa (Tabasco, 1910-?) Castillos en el aire (1950), La dulce patria (1958).

Migoni, César (Ensenada, B.C., 1953) Por curiosidad (novela didáctica, 2000)

Millán Peraza, Miguel Ángel (Mazatlán, Sinaloa, 1911 -Tijuana, B.C., 1982).  ¡Mancha! El olor de la
sardina
(1972).

La novela bajacaliforniana y su relación con la novela mexicana de la modernidad

-I-

La novela bajacaliforniana por ser una expresión tardía, se inscribe dentro de la novela de la
modernidad. Algunos rasgos de coincidencia son los siguientes:

1. Sus autores son profesionales de la literatura en el caso de Daniel Sada, Luis Humberto Crosthwaite. Predomina el género novelístico sobre el cuento. En la generación de los novísimos (especialmente los tijuanenses) se impone la narrativa como género mayoritario. Sus autores provienen de la clase media, críticos del sistema, vocero independiente de los desfavorecidos.

2. Su propósito común es cuestionar el Status Quo, la inmovilidad social política, moral, literaria.

3. Sus personajes predominantemente son antihéroes-heroínas, subvierten el orden y fracasan en
encontrar o proponer otro mejor. "Héroes problemáticos" (como los llamó Lukács). Se encuentran arrojados a un mundo sin dioses, de hombres solos, de fuerzas en tensión, desgastadas, decadentes. Frecuentemente recorren una trayectoria existencialista de desajustes ontológicos con un destino poético y paródico. Son personajes ambiguos, complejos, fluídos, individuos escindidos.

4. Generalmente, la estructura externa se funda en el desprecio de la acción, (excepto Mezquite Road de Trujillo Muñoz), a cambio, se valora la intención, se exploran sus causas y consecuencias. Dentro de una atmósfera en que se combina la brutalidad de la realidad y su incertidumbre.

5. La entonación más coincidente es la ironía, la parodia (frecuentemente en su sentido postmoderno), lo grotesco, la carnavalización, la sátira, la bufa, la tragicomedia, el absurdismo, el pastiche, etc.

6. El lenguaje preferido, aunque no es el exclusivo, es la expresión popular oral, en ocasiones llega a ser el énfasis mayor del texto. Se presenta sin idealizar: ingenioso, brutal, heteroglósico, reticente, alusivo, elucivo, fragmentario,  ambiguo.

7. Por su iniciación tardía ya no pasa la novela bajacaliforniana por un periodo de experimentación extrema de técnicas y voces narrativas, como la que enfrentó el resto de la novela mexicana durante los cincuentas y sesentas. Los novelistas de la península californiana manejan con mayor naturalidad los recursos de yuxtaposición de planos espaciales y temporales, una focalización menos virtuosista, pero efectiva, del punto de vista narrativo. Hay una compleja intertextualidad con la cinematografía y la música popular norteamericanas, al mismo tiempo que con la literatura urbana, de "La onda" y otras tendencias de la narrativa mexicana.  Se acude a la metatextualidad como recurso incidental, pero no como expresión virtuosista.

-II-

Cuando surge la novela bajacaliforniana, el centro occidente del país ya había casi agotado el subgénero de la Novela de la Revolución con más de 150 novelas, con obras maestras como:  Los de abajo (1916) de Mariano Azuela, El águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1930) de Martín Luis Guzmán.  Ya había aparecido Al filo del agua (1947) de Agustín Yáñez: la primera y más importante novela como exploración de conciencia de una colectividad, bajo la experiencia novelística joiciana, como aplicación del proyecto cubista, surrealista y expresionista del muralismo mexicano a la narrativa.

Para cuando surge la novela bajacaliforniana, en el resto del país la novelística había producido obras señeras que marcarían el rumbo de la segunda mitad del siglo XX: Pedro Páramo (1955) de Juan Rulfo: tal vez, la novela más sobresaliente de nuestra tradición hasta el momento, por su complejidad narratológica, por el gran aliento en torno a la enciclopedia temática mexicana y por la rica ambigüedad de voces y entonaciones novelísticas.

La otra trayectoria de la novela ya trazada antes de los sesenta fue la novela urbana iniciada por La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes, texto que sirve de modelo para un sinúmero de novelas en que la ciudad es la presencia protagónica, como sucede en la narrativa de "La Onda". Es la novela urbana la que corresponde al registro natural de la novela bajacaliforniana, con toda su problemática de en fuerzas del subdesarrollo, la modernización, la modernidad y la postmodernidad. Que por otra parte, en la vida urbana, es el fenómeno predominante del México de la segunda mitad del siglo XX, a tal grado que al final del siglo, casi el 85% de la población total mexicana vive en ciudades de más de 50 000 habitantes.

Mexicali, Ensenada y especialmente Tijuana presentan en forma excepcional un marcado contraste entre los proyectos de modernización, modernidad y la globalización. Tijuana a lo largo de la novela de La Californidad se transfigura de espacio utópico a la "Nueva Nínive",  capital de todos los pecados capitales, urbe del deseo comprado por los dólares y servido por los inmigrantes más desfavorecidos de nuestro país. Así es como se presenta en La calle Revolución de Rubén Vizcaíno Valencia. A partir de este primer mural tijuanense, la urbe bajacaliforniana se propone como un espacio fluído de proyectos efímeros de progreso, de fracasadas búsquedas de esperanzas, zona de tráfico de sueños a medias, de patologías de posibilidades de desear y de ser a la americana, mundos cerrados en el frustrado rescate de una solidaridad de barrio, de colectividades que en el esfuerzo de defenderse del desarrollismo y la desmemoria se autoconstriñen y canibalizan, sombrías atmósferas donde a pesar de todo y de todos, sobreviven el derecho a la libetad, a la esperanza, a  la comunicación profunda, al amor, como expresiones de dignidad humana.  Así se expone "La ciudad más visitada del mundo" en la narrativa de Federico Campbell, Luis Humberto Crosthwaite, Martín Romero, Ramón Betancourt, Daniel Sada, Regina Swain, y especialente, de Rosina Conde.

-III-

La Tijuana de La Genara

En La Genara de Conde, se plantea la misma Tijuana arriba descrita, que Nestor García Canclini ha llamado "El laboratorio de la postmodernidad", con algunas diferencias. Se ubica en una clase social pequeñoburguesa, conservadora, para exponer su gradual descomposición. Y para reconocer el advenimiento de un nuevo orden axiológico, nuevas alternativas de relaciones humanas, distintas soluciones para determinar la relación entre La Frontera Norte y el desgastado canon de la capital del país.

Crisis de La Frontera Norte y de la capital como espacios utópicos

En general en toda la narrativa de Conde se revisa la crisis de las utopías históricas, comunitarias, generacionales, profesionales, de espacio de género, predicadas por la modernización y el capitalismo tardío.

Ante el desgaste o la agonía de éstos imaginarios ideales de comunidad, en  De infancia y adolescencia, Arrieras somos, El agente secreto y La Genara, Conde presenta a la frontera como grotesco espejismo de lo deseable como: las utopías indocumentadas de la ansiedad migratoria, un falso paraíso de movilidad, tierra promisoria de las nuevas conciencias. El engaño queda al descubierto cuando la industria se promociona como familia, la frontera como la gran maquiladora del placer ilimitado S.A. de C.V. y como zona limítrofe-primer beneficiaria del sueño americano.  Sin embargo, Rosina Conde ofrece una forma de utopía posible, la búsqueda de la salvación individual.  Se funda en el principio de que la libertad sobrepasa a la necesidad.  Es un neohumanismo en que no se trata de cambiar por entero al ser humano, sino de abrirle espacios a la justicia social, a los derechos humanos, como actos de defensa ante la depredación de la frontera como ecosistema en peligro.

Temario en La Genara

1. Como en los miembros de su generación, Conde problematiza “La Bajacalifornidad” como proyecto de identidad.

2. Hay una ruptura con la cultura dominante producida desde el centro del país, por considerarla desgastada, anémica, neurotizante, peligrosa para la salud pública. Debido a que, en lugar de ser una solución para María Luisa, le causa una terrible anorexia.

3. Tijuana es vista por Fidel, un profesionista inmigrante de la capital, como tierra prometida y a la vez la critica por ser anacrónica, conservadora, un desierto cultural. Así lo menciona Genara: "constantemente está comparándome con sus amigas, y todo en mí le parece ‘pequeñoburgués’ (un término bastante pasado de moda, por cierto, en estos tiempos de neoliberalismo)”. (78)
Para Luisa, Tijuana ya no es opción porque: "estoy harta de su pinche mundito asqueroso y podrido”.(99)  Tijuana resulta un lugar donde todavía predominan los valores de la cultura androcéntrica, que en la novela aparecen como expresiones decadentes: Federico (el primo) y Eduardo (esposo de Genara) llevaban una doble vida, amantes, otras familias y narcotráfico, dentro de una aparente decencia. Los capitalinos resultan gesticuladores profesionales como Fidel.

4. La Genara y "La Onda". Conde aunque parece seguir el modelo novelístico de José Agustín, realmente se distancia de él en la solución. Sergio Gómez Montero afirma que, "...véase por donde se vea, es él, José Agustín de la influencia más significativa -para bien o para mal- que entre la generación más reciente de escritores mexicanos." (Caminos venturosos..., 80)

En un plano, Conde se acerca a "La Onda" por sus personajes en la frontera de lo prohibido, lo tabú, lo mítico, por gravitar entre situaciones límite existenciales, plantea violentas rupturas con la generación anterior. En cambio, en el plano profundo los personajes de Conde al descubrir al monstruo del laberinto ni se dejan victimizar por él, ni escapan a un paraíso artificial de las drogas (como los de "La Onda"), sino que se recuperan a sí mismos, por medio de una toma de conciencia, una voluntad de cambio y la apertura a las alternativas de la esperanza individual.  La apuesta valiente de Rosina Conde es no sólo el sacudimiento de conciencia, sino la fe en el rescate de los derechos individuales, una especie de neohumanismo ante la literatura cínica y determinista del último medio siglo mexicano y ante más de tres décadas de crisis de un país escéptico y fatigado, debido a tantos proyectos frustrados de imaginarios de nación e identidad.


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